El alarido del universo | El hachuela de piedra

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Janna Levin escribe ecuaciones en la sede de su nuevo proyecto, Pioneerworks, en Nueva York.PUEBLO

La galaxia vibra con una música secreta, digamos imperceptible para nuestros oídos. Es la interpretación de una partitura que se ha escrito sobre la trama del espacio-tiempo, donde los cuerpos celestes se mueven al ritmo de su propio ritmo, siguiendo un patrón armónico conocido como la música de las esferas.

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En ese momento, Kepler intuyó que se trataba de la música de la naturaleza y, siglos después, Einstein predijo en su Relatividad general que las ondas gravitacionales son una especie de arrugas que se forman en el tejido del espacio-tiempo cuando explotan una o dos estrellas. ; una música que se convierte en la banda sonora de nuestro universo. Como señala Janna Levin en su libro El blues del agujero negroAunque las ondas gravitacionales no son ondas sonoras, sino perturbaciones en el tejido cósmico, se pueden convertir en sonidos utilizando tecnología analógica.

Janna Levin es física de la Universidad de Columbia, y en su trabajo, recientemente publicado en español por el Capitán Swing, nos lleva al Observatorio LIGO Hanford, colocándonos en su sala de control; tubos de vacío, espejos y una especie de telescopio que se utiliza para detectar fenómenos en el tejido cósmico y se llama interferómetro. La ubicación es lo más parecido a un laboratorio estelar, digno de comparación, una galería de ciencia donde el 14 de septiembre de 2015, los investigadores observaron ondas en el tejido del espacio-tiempo, confirmando así la predicción de Einstein un siglo antes. Las ondas gravitacionales existen y se pueden percibir.

La importancia de este evento fue capital, porque gracias a la tecnología aplicada a la curiosidad científica, podemos escuchar la partitura que dio origen al universo. En tus notas encontrarás toda la información necesaria sobre su origen. Basta saber interpretarlos, tener la sensibilidad de Kepler para explicar a Pitágoras y traerlo hasta nuestros días para jugar con armoniosas proporciones numéricas para descubrir con ellas el movimiento vibratorio del universo; su brújula se acelera cada vez que dos agujeros negros chocan y se fusionan en un agujero negro más grande.

En uno de los capítulos del libro, Janna Levin nos cuenta cómo el premio Nobel de Física, el estadounidense-alemán Rainer Weiss, se acercó al campo de las ondas gravitacionales cuando iba a impartir un curso de relatividad general y no tenía nociones al respecto. Fue lo que le llevó a aventurarse en la construcción de un interferómetro de 1,5 metros que le ayudaría a detectar ondas gravitacionales. Pero dicho aparato era demasiado pequeño para detectar nada. El libro es un continuo ir y venir de anécdotas y curiosidades donde las relaciones humanas estructuran la historia de las ondas gravitacionales, y donde no faltan los choques de ego cuando dos personalidades chocan para moverlas a ambas en una misma órbita.

Llegando aquí, después de leer el libro de Janna Levin, podemos decir que el sonido es una propiedad física de la materia, su componente más grande porque es el que permite la propagación de ondas mecánicas, audibles o no.

Gracias a la tecnología de punta, llegará un día, no muy lejano, en el que también podremos escuchar el grito de nuestro planeta, la denuncia de tantos abusos que sufre. Entonces su grito dejará de ser secreto y nos denunciará de lleno.

El hacha de piedra Es un apartado donde Montero Glez, con afán de prosa, ejerce su particular asedio a la realidad científica para demostrar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento.

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