El asalto a los cielos como metáfora literaria | El hachote de piedra | Ciencia

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Edgar Allan Poe (Boston, 1809-Baltimore, 1849).

Si hay algo que define la atormentada existencia de Edgar Allan Poe, ese algo no es más que una fricción entre la incertidumbre y la experiencia; lo más parecido a una caricia literaria que hizo temblar su imaginación poética y que se manifestó en cada uno de sus escritos.

Sin embargo, fue en su ensayo narrativo titulado Eureka donde dio a luz teorías científicas mucho antes de que se hicieran evidentes.

La conciencia cosmológica de Poe también miraría hacia el futuro en su relato titulado: La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall, donde profetizó que el ser humano pierde el conocimiento a partir de cierta altura. En esta historia, el autor norteamericano presenta las aventuras de Hans Pfaall quien, movido por cierto espíritu quijotesco, construye un globo aerostático para viajar a la Luna. En su proyección científica, Poe nos cuenta cómo la falta de oxígeno durante la subida provoca un sangrado por la nariz y la boca del protagonista. Es un relato premonitorio publicado en 1835 en Mensajero literario sureño.

40 años después, en abril de 1875, tres globos franceses abordaron el globo Zenith para estudiar los límites del cielo. Sus nombres: Joseph Crocé Spinelli, Théodore Sivel y Gaston Tissandier. De ese viaje sólo salió con vida Tissandier, quien contó cómo perdió el conocimiento a los 7.000 metros, y cómo los cadáveres de sus compañeros tenían sangre en la nariz y la boca por falta de oxígeno, tal como ocurría en el relato premonitorio de Allan. Poe.

La predicción de Poe fue correcta en cuanto a la relación entre la altitud y el oxígeno, aunque luego se equivocó al afirmar que las capas de nuestra atmósfera llegaron a la Luna o al imaginar vida inteligente en nuestro satélite. Pero esto último fue algo que hizo fantasear mucho a la gente en ese momento. A partir de ahora se consumirán relatos donde se superen los límites de la ciencia y se convierta el conocimiento en metáfora literaria.

Una de esas historias, publicada años después de la de Poe, en 1913, y escrita por Arthur Conan Doyle, nos mostró la posibilidad de que la parte más desconocida de nuestros cielos albergara criaturas monstruosas. es el titulo terror en la cimay Conan Doyle cuenta la historia de un piloto de avión que, obsesionado con lograr el récord de altura, descubre criaturas monstruosas y en expansión que viven en los cielos más altos.

Antonio Martínez Ron habla de estas cosas tan literarias en su libro Aalgo nuevo en los cielos (Crítica), colosal obra que invita a hacer un viaje a la cumbre; un ensayo en la frontera entre el rigor científico y la narración literaria escrito en el más mínimo detalle con un estilo ágil que no escatima detalles.

Martínez Ron nos muestra a estudiosos y educadores a partes iguales; Lo hace sin perder el ritmo durante 700 densas páginas llenas de ejemplos literarios de los misterios que rodean nuestra dimensión temporal. Una sugerente lectura que nos enseña a comprender la riqueza de los estados de la materia que existen en las alturas.

A través de nubes y tormentas, Martínez Ron nos lleva a conquistar los rincones ocultos del espacio mientras la luz del sol juega con los sentidos y nuestra conciencia cósmica toca el espacio límite que separa la incertidumbre y la experiencia. No te lo pierdas.

el hacha de piedra es un apartado en el que Montero Glez, con afán de prosa, ejerce su particular cerco a la realidad científica para demostrar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento.

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