El placer de examinar lo que uno creía que sabía | Sociedad

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Unos 40 jóvenes periodistas iniciaron simbólicamente su carrera profesional el miércoles. Forman parte de los grados 33 y 34 (28 y 36 alumnos respectivamente) de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS. Con el periodista argentino Martín Caparrós como padrino, celebraron su graduación en la sede del diario en Madrid, acompañados del director del Máster, Álex Grijelmo; la rectora de la Universidad Autónoma de Madrid, Amaya Mendikoetxea; la directora de EL PAÍS, Pepa Bueno, y el presidente ejecutivo de PRISA Media, Carlos Núñez.

Martín Caparrós recordó en su conferencia la necesidad de conocer los prejuicios propios antes de abordar un artículo, «para poder gestionarlos» y que ellos no manejen uno; y, sobre todo, subrayó la importancia de escuchar. «Esto es periodismo más que cualquier otra cosa: el placer de escuchar, ese placer de descubrir lo que pensabas que sabías y no sabías».

No eran todo lo que deberían tener. La pandemia impidió a la clase 33 celebrar su graduación hace un año, cuando él jugaba, muchos ya están fuera de la ciudad o no podían faltar a sus trabajos. Los asistentes al acto asistieron al homenaje a su compromiso y al oficio en sí.

Caparrós, presentado por el exdirector de la Escuela y EL PAÍS Javier Moreno, iniciaba así el discurso principal: «Evidentemente me gustaría contaros una historia». El autor de libros como Hambre Y AmericaComo un astuto narrador, dio a los estudiantes sugerencias camufladas sobre historias.

¿Qué historias e ilusiones llevaron a estos jóvenes a querer convertirse en periodistas ?, se preguntó Caparrós. Apostó por la curiosidad: «Ese extraño impulso que no te deja solo hasta que tienes la sensación de que has entendido algo y entonces ya puedes contarlo». También apuntó, como motor, el espíritu aventurero o una forma de salir al mundo para mejorarlo. «Una ilusión vaporosa», describió, pero sin la cual nada vale jamás. «El periodismo, por muy astuto que sea, te convence de vez en cuando de que lo estás haciendo», admitió.

El periodista Martín Caparrós pronuncia una ponencia como patrocinador de las clases 33 y 34 del Máster en Periodismo de la Escuela UAM-EL PAÍS. Víctor Sainz

Caparrós expuso a los jóvenes editores «la compleja sencillez del periodismo» que, más allá de las nuevas narrativas, formatos y canales de transmisión, mantiene la misma esencia. Una estructura basada en investigar sin esperar a que alguien lo cuente; pensar, huir de los tópicos, y narrar «sin dejar constancia de todo como notario tuerto». Ante las constantes previsiones del fin de obra o la contundente frase de la dificultad de los tiempos, el periodista los tranquilizó con sus 45 años de experiencia. «Lo que hay que tener cuidado es caer en la tentación de hacer clic», dijo.

Advirtió a los egresados ​​del cansancio del oficio y de la dificultad de distinguirse, pero también advirtió de lo fácil que es ser ético si se sigue la máxima «sé bueno» y «no hagas trampas». También tomó el aire para su vuelo y subrayó su posición privilegiada: “Harás lo que elijas hacer, lo que te guste; y quien ya es grande, sabe que este es el mayor privilegio que se puede tener en la vida ”.

Los nuevos periodistas también recibieron el asesoramiento de Álex Grijelmo. El Director de la Escuela y el Subdirector de EL PAÍS enumeraron algunas claves que podrían utilizar en su futuro, como la importancia de su punto de vista o cometer errores «de manera honesta y abierta» para corregirlos.

La rectora, Amaya Mendikoetxea, confesó que un día pensó en convertirse en periodista y agregó: “Usted ha sido testigo de este cambio de paradigma en el mundo desde una escuela de periodismo. Te confieso mi envidia ”.

Elena Vierna, de 24 años, de la promoción 34, espera no olvidar estos valores: «Hemos visto una idea perfecta del periodismo y, aún sabiendo que la realidad es diferente, quiero seguir creyendo en la profesión». Su colega , Félix Krinner, 24 años y 33º de primaria, ha aprendido a contar historias teniendo siempre presente quién recibe el mensaje del otro lado, ya sea lector, oyente o espectador. Más allá de la formación, Krinner destaca la mirada personal que ha adquirido: «Una forma de afrontar el mundo».

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