España ultima un sistema para guardar la covid como la enfriamiento popular | Sociedad

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La relación del hombre con el coronavirus está en constante evolución. Los protocolos son cada vez más permisivos y también las restricciones, ya que más personas han tenido contacto con ella y las vacunas han protegido a la mayoría de la población de una enfermedad grave. El siguiente paso será empezar a tratar la covid de una manera más parecida a como se hace con la gripe: no contar cada caso, sin testar el más mínimo síntoma. Míralo como otra enfermedad respiratoria. Las autoridades sanitarias españolas llevan meses trabajando en esta transición y están elaborando un plan para abandonar paulatinamente la vigilancia universal de la covid y pasar a la denominada «centinela».

Pedro Sánchez es entrevistado por Àngels Barceló.Foto: CADENA PARA SER | Video: CADENA PARA SER

Es el que se ha usado durante años para la gripe. En lugar de denunciar cada caso de covid que se detecte en el país, lo cual es insostenible a largo plazo, se elegirá estratégicamente a un grupo de médicos de escuelas primarias o centros de salud, junto a hospitales, para que actúen como testigos. El objetivo es crear una muestra estadísticamente significativa distribuida en puntos clave, como se hace con las encuestas, que nos permita calcular cómo se propaga la enfermedad, la más leve y la más grave, pero no mediante recuentos exhaustivos, sino por extrapolaciones.

Ha sido una estrategia que ha estado en proceso desde el verano de 2020. Pero la planificación ahora está entrando en su fase final. Los titulares del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES); las del Informe de Alerta, donde están representados los técnicos de todas las comunidades autónomas; y los del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) tienen varias reuniones programadas esta semana para discutir este cambio filosófico: cuándo y cómo se implementará; No está fechado, pero no se anticipa antes del final de esta sexta ola.

“Ahora, dada la enorme transmisibilidad del covid, es un reto enorme cumplir estrictamente con los protocolos universales de vigilancia, se está volviendo imposible”, explica Amparo Larrauri, jefa del grupo de vigilancia de influenza y otros virus respiratorios del CNE. De hecho, los protocolos ya han empezado a aflojarse y ya no se exigen pruebas de contactos directos de positivos si, por ejemplo, no presentan síntomas.

“Ante esta nueva realidad, estamos trabajando en pasar de la vigilancia universal a una centinela de infección respiratoria aguda leve en escuelas primarias y severa en hospitales. Pero no se puede cambiar de la noche a la mañana. Tenemos compromisos internacionales [de notificación de todos los casos] y hay que consolidar los sistemas centinela”, dice Larrauri.

Gran parte del trabajo está hecho. Cinco comunidades ya iniciaron la vigilancia con este sistema en modo piloto en escuelas primarias y nueve en hospitales. “Los puntos de señalización centinela deben elegirse de manera que sean representativos de la población del área monitoreada, de modo que siguiendo la experiencia que ya tenemos en la vigilancia de la influenza, podamos conocer la evolución epidemiológica y características de la circulación de un determinado virus con una muestra de lo que está sucediendo. Con los sistemas de vigilancia ya puestos, probablemente podríamos tener una información precisa, de mayor calidad y se podría prevenir lo que está pasando”, se refiere Larrauri al colapso de la atención primaria y la dificultad en la notificación de casos que produjo la sexta ola de pandemia en España.

Lo que cambiará será el sistema de vigilancia, no el tratamiento de la enfermedad, que variará cada cierto tiempo según otros esquemas. En su trabajo clínico, los médicos deberán continuar tratando a los pacientes con los protocolos y tratamientos que regulan a medida que estén disponibles y de acuerdo con la gravedad de los pacientes.

La pandemia no ha terminado. La sexta ola aún no ha llegado a su punto máximo y a medida que avanza corre el riesgo de poner en aprietos a los hospitales: aunque las vacunas y las mutaciones virales la hacen más leve y el riesgo individual de cada persona ha disminuido mucho, en términos de población muchos casos se traducen en un gran número absoluto de pacientes hospitalizados. Fueron 14.426 el viernes, más que en el pico de la cuarta y quinta ola; de ellos, 2.056 estaban en cuidados intensivos, más que el quinto (2.031), acercándose progresivamente a la cuarta cifra (2.356), cuando todavía había mucha gente de la ola anterior en la unidad de cuidados intensivos.

Tratar al covid como una enfermedad más

El debate sobre cuándo pasará la ola omicron será, más allá de la vigilancia, si pasar a tratar la covid como una enfermedad más, vivir cada vez con más naturalidad con el virus, más allá de la vigilancia y siempre en alerta ante nuevas variantes que puedan dar giros.

Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes del Hospital Mount Sinai de Nueva York, cree que es poco probable que las mutaciones del SARS-CoV-2 empeoren la situación. En reversa. “Omicron parece más adecuado para replicarse en el tracto respiratorio superior, dañando el pulmón, que es lo que da lugar a enfermedades graves. Y dada la gran transmisibilidad, hay un mayor porcentaje de personas con inmunidad natural o reforzada, en el caso de los vacunados”, asegura.

Varios pacientes hicieron cola este viernes en el centro de salud Puerta Bonita de Madrid.olmo calvo

La tentación de comparar el COVID con la influenza comenzó al inicio de la pandemia. Por lo tanto, se hizo para minimizar la gravedad de un nuevo coronavirus que luego resultó ser mucho más peligroso. Pero a medida que se propaga, se adapta a los humanos y a ellos, la tasa de mortalidad se vuelve más similar a la de la gripe. “El problema es que el número de contagios sigue siendo mucho mayor, estamos en pandemia por algo, entonces va a dar más problemas”, explica García Sastre.

Después de la sexta ola, este experto ve otras preocupantes que probablemente no se repetirán hasta el próximo invierno, y predice que comenzará a ser estacional, creando epidemias estacionales. “Parece que el virus está llegando a un equilibrio, como sucedió con la gripe; por ejemplo la causa de la pandemia de 1918, que en un principio causó muchas muertes, pero a los dos o tres años se asentó como un virus estacional”, añade el virólogo.

De momento, García Sastre apuesta por seguir denunciando todos los casos, sobre todo para saber cuándo empezarán a descender. Pero a partir de ahí se sigue «con cautela, pero no tanto como hasta ahora». Cualquier pronóstico, advierte, hay que tomarlo con cautela. Prácticamente nadie predijo una sexta ola del tamaño de la causada por el omicrón.

El influencia de la covid, según Iván Sanz, responsable del Centro Nacional de Gripe de Valladolid, probablemente llegará este año: «Todavía no es el momento, estamos en pleno apogeo y no se podría justificar. Pero con el tiempo la covid debe ser normalizados y monitoreados como el resto de enfermedades respiratorias, con médicos centinelas en las escuelas primarias, que diagnostican por síndrome clínico; haciendo PCR a los pacientes hospitalizados y continuando con el estudio del virus para ver cómo cambia”.

Este experto recuerda que la gripe no es una broma. Y que tratar al covid como esta enfermedad es seguir tomándoselo en serio. Según los cálculos del Instituto de Salud Carlos III, en la temporada 2017-2018 la gripe provocó directa o indirectamente unas 15.000 muertes. Se trata de un promedio de 41 por día debido a una enfermedad que no ha afectado la vida de los ciudadanos en los últimos 100 años.

Como decía la experta en sistemas sanitarios Helena Legido-Quigley en una reciente entrevista con EL PAÍS, como sociedad es hora de que debatamos cuántos muertos diarios por covid estamos dispuestos a contratar para volver a la rutina y cambiar de página. . O no.

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