Los nuevos profesores de universidad recibirán un curso original para asimilar a enseñar | Universidades

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Un profesor imparte un curso en la Facultad de Información de la Universidad Complutense de Madrid el pasado mes de octubre.david esposito

El consejero de Universidad, Joan Subirats, pretende insertar en el borrador de la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) un punto que obligue a los nuevos profesores a formarse como docentes, ya que actualmente imparten clases sin ninguna formación pedagógica, a diferencia de los docentes. de la escuela o universidad. Los ayudantes de doctorado -el primer paso en la carrera como profesor universitario- seguirán el programa en metodologías docentes, pero la LOSU no detallará la extensión ni la modalidad (presencial, a distancia o híbrida). Su formato se discutirá con los rectores y las comunidades autónomas. Subirats ha anunciado este miércoles este cambio de proyecto de ley en la Comisión de Ciencia, Innovación y Universidad del Congreso de los Diputados, en el que participa por primera vez.

Los asistentes recibirán el curso en el primer año. El contrato laboral de estos nuevos doctores -según la LOSU, que modifica las condiciones de la figura contractual- tendrá una duración de seis años y impartirán «un máximo de 180 horas por curso académico, de forma compatible con el desarrollo de la tareas de investigación para satisfacer los requisitos de acreditación futura [como profesor titular]». Actualmente, la docencia les quita mucho tiempo a estos doctores recientes -los funcionarios se enfocan en la investigación, ya que son estos méritos los que les permiten seguir avanzando en sus carreras- y tienen que esforzarse mucho para sacar horas para hacer ciencias, criterio imprescindible para superar el cribado de la agencia evaluadora ANECA y para ser profesorado fijo (ordinario u ordinario). Además, después de tres años en el cargo, los doctores afiliados deberán superar una evaluación sobre el desempeño de sus actividades docentes e investigadoras.

La idea es del ministro, que recordó a la prensa que en 1974, a los pocos días de empezar a dar clases, tenía que hablar «de la teoría política de San Agustín sin que nadie me hubiera explicado en qué consistía la docencia». Subirats pretende utilizar las unidades de innovación docente que ya tienen las universidades y espera llegar a un acuerdo con las Regiones y la Conferencia de Rectores para la configuración de los cursos. “Sin pretender que sea una carga para ningún docente”, ha subrayado la ministra, “en pleno siglo XXI, con los cambios tecnológicos que se han producido, creo que es necesaria la formación inicial”.

Algunas universidades (hay 89 en España, 50 de las cuales son públicas) ofrecen cursos de formación, pero no son obligatorios y son minoritarios. Por ejemplo, desde hace 15 años, la Universidad Autónoma de Madrid ofrece 25 plazas gratuitas a sus profesores para cursar un máster en metodología de la enseñanza universitaria. También lo ofrece la Universidad de La Laguna en Tenerife porque, explican en su web, “cada año hay una fuerte demanda de formación del profesorado”. La carrera de la Universidad de Córdoba, en cambio, está destinada a quienes llevan menos de cinco años ejerciendo la docencia y se divide en una parte de seminarios y otra parte de prácticas docentes con tutor; y el curso de 100 horas de la Universidad Miguel Hernández de Alicante, para los que se inician en la docencia, pretende que los profesores adquieran competencias clave: planificación, metodología, evaluación, motivación…

Cambios forzados con la pandemia

La pandemia obligó a los profesores a trasladar la docencia a Internet en un solo día, y ante la preocupación de muchos que nunca antes habían impartido clases como esta, las universidades improvisaron cursos de adaptación online. La intención de los campus es ofrecer más carreras a distancia, por lo que es de esperar que algunos dediquen parte del curso a esta modalidad. “Que los nuevos profesores puedan trabajar las tecnologías y el valor de la presencialidad”, explicó Subirats.

En una entrevista el pasado mes de enero con este diario Subirats, Catedrático Emérito de Ciencia Política de la Universitat Autònoma de Barcelona, ​​insinuaba sus planes: “Hay que intentar que la universidad no sea una excepción. En el sentido de que en todos los niveles de educación, el profesor debe hacer cursos de habilidades docentes, excepto en el ámbito universitario. Si eres médico, se supone que puedes enseñar «. Subirats argumenta que, dado que la mayoría de los estudiantes pasan solo cuatro años en el campus, la mejor manera defenderlos es a través de la enseñanza.

El profesorado de infantil y primaria es licenciado en Educación y Didáctica, mientras que el profesorado de secundaria y bachillerato es licenciado y ha tenido que superar el Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP) o, desde 2009, un máster en formación de maestros Además, aunque el sistema es mejorable, los nuevos funcionarios de los institutos trabajan en las prácticas el primer año y son supervisados ​​por un inspector presente en algunas clases. De hecho, son muchas las críticas a esta preparación y el Ministerio de Educación afirma en un documento que quiere que deje de ser “una simple necesidad” y se sustituya por un verdadero camino de “tutoría” que permita “aprender en la práctica”. , aunque de momento ya no es concreto.

De regreso a la universidad, muchos profesores mayores enseñan y apenas hacen ciencia, porque no los obligaron a progresar. Pero las nuevas hornadas de PDI (Profesores de Investigación) se ven obligadas a investigar para superar las distintas proyecciones de ANECA y así subir peldaños y poder dirigir una tesis o impartir docencia en algunos másteres. La universidad se ha centrado tanto en la ciencia que muchos creen que se ha descuidado la enseñanza. Subirats argumenta que una universidad no puede ser solo una academia de conferencias o un laboratorio de investigación, sino que se debe encontrar un equilibrio. Para ello ANECA opera en un sexenio ―complemento salarial, cada uno de unos 100 euros al mes― que reconoce la actividad didáctica. Esta formación previa del profesorado esboza hacia dónde van los pasos del ministerio, que insiste en mejorar la docencia.

De aprobarse la ley, muchos nuevos docentes se beneficiarán de esta medida, ya que el 53,5% de los actuales docentes permanentes habrán llegado a la edad de jubilación para el curso 2030-31.

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