Preeclampsia: Un descomposición de raza permite predecir la principal complicación del gestación ayer de que aparezca | Ciencia

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La preeclampsia tiene una incidencia mundial entre el 8% y el 10%. En España la cifra desciende hasta el 2,7%. Si bien se presenta al inicio del embarazo, su manifestación clínica ya se presenta en la parte final del embarazo.Alexander Ryumin (Alexander Ryumin / TASS)

Junto con el trabajo de parto prematuro, la preeclampsia es la principal complicación del embarazo. Caracterizada por un aumento repentino de la presión arterial, puede afectar la salud de la madre y del bebé, poniendo en peligro la vida de la primera y perjudicando el desarrollo del segundo en los casos más graves. De origen desconocido, comienza a detectarse en el tercer trimestre del embarazo. Salvo tomar aspirina, no hay tratamiento y solo desaparece con el parto, muchas veces prematuramente por ello. Ahora, un grupo de investigadores ha podido predecir qué mujeres embarazadas sufrirán preeclampsia semanas antes de que sea detectable. Y lo hicieron con una fascinante combinación de genética, aprendizaje automático y algoritmos matemáticos.

A fines del siglo pasado, varios estudios lograron identificar el material genético en la sangre de mujeres embarazadas que provenía del feto. Ese avance ha permitido, ya en este siglo, el desarrollo de análisis no invasivos para estudiar el ADN del feto, en busca de anomalías como el síndrome de Down. Esto nos ha permitido arrinconar técnicas peligrosas como la amniocentesis. Mirando más allá, los científicos han comenzado a utilizar este enfoque para detectar y anticipar posibles complicaciones del embarazo, como la preeclampsia.

Científicos de la empresa Mirvie (San Francisco, EE. UU.) pudieron predecir la mayoría de los casos de preeclampsia con un simple análisis de sangre. El presidente y fundador de la empresa californiana Maneesh Jain explica: “Demostramos que la tecnología de ARN desarrollada por Mirvie puede detectar el 75% de las mujeres que desarrollarán preeclampsia, incluidas aquellas con partos prematuros, meses antes de la aparición de los síntomas”. Se trata de multiplicar hasta por cuatro la eficacia del cribado tradicional, basado en perfiles biográficos elaborados con antecedentes de embarazo, edad, índice de masa corporal o raza.

Además de la alta capacidad de previsión, este trabajo también destaca la anticipación en la previsión. Aunque la preeclampsia comienza al mismo tiempo que se forma la placenta (placentaria), los síntomas que permiten detectarla no aparecen hasta después de la semana 20 de embarazo. En esta investigación, publicada recientemente en Naturaleza, la encuesta se realizó en promedio un mes y medio antes.

«Al analizar el ARN circulante [en la sangre de la madre] vimos diferencias entre las mujeres que terminaron desarrollando preeclampsia y las que no».

Joan Camuñas, biólogo computacional en Mirvie

Joan Camuñas de Barcelona (por Arenys de Munt) es biólogo computacional en Mirvie y coautor de esta investigación. «Al analizar el ARN circulante [en la sangre de la madre] Vimos diferencias entre las mujeres que terminaron desarrollando preeclampsia y las que no”, dice. Entre ese ARN, que se considera un desecho, es de origen no humano, viral o bacteriano. Pero también del feto y placenta Como dice Jain, “las transcripciones de ARN del feto pueden salir de los vasos sanguíneos fetales hacia las vellosidades de la placenta y hacia el torrente sanguíneo materno”. Y este material genético promete ser una ventana al embarazo y su progresión.

«Nuestros algoritmos nos permiten detectar diferentes patrones entre las dos poblaciones, [embarazadas y no embarazadas]”, comenta Camuñas. Para potenciar estos algoritmos, los investigadores los entrenaron con un sistema de aprendizaje automático que usaron para analizar el material genético presente en 2539 muestras de sangre de las mujeres del estudio. Así identificaron los residuos de una serie de genes vinculados al desarrollo de la placenta y del propio feto. La mitad de las muestras se tomaron en el segundo trimestre del embarazo, semanas antes de la posible aparición de la preeclampsia y el resto cuando ya debería haberse producido.

Antes del trabajo de Camuñas, Jain y otros, ya se había utilizado el material genético del feto presente en la sangre de la madre. Desde hace algunos años, de hecho, existen en el mercado pruebas de diagnóstico que analizan el ADN fetal obtenido del torrente sanguíneo materno. El de mayor impacto es el que busca anomalías cromosómicas, como el síndrome de Down.

Con el ARN, los investigadores de la compañía Illumina (también de California) también usaron el ARN circulante para detectar signos moleculares de preeclampsia en 2020. En ese trabajo, se tomaron muestras de sangre una vez que se desarrolló la enfermedad, pero fue fundamental para validar este nuevo enfoque.

Fiona Kaper, jefa de investigación de Illumina y coautora de ese estudio, explica la clave de estos trabajos: cómo relacionar un determinado material genético presente en la sangre materna con el feto: «Para cualquier molécula de ARN, no se puede decir con absoluta certeza». certeza de dónde viene porque lo vemos en el plasma y no en los propios tejidos [de los que procede]. Entonces solo podemos asignar estas transcripciones [ARN residual circulante] a posibles tejidos de origen”, explica. Para ello recurren a bases de datos existentes que acumulan cada nueva conexión que se descubre entre un ARN presente en la sangre y su origen. «Por ejemplo, si el transcrito ‘A’ se expresa cinco veces más en el tejido fetal que en otros tejidos, lo asignamos a la categoría fetal. Si el transcrito «B» se expresa el doble en el tejido placentario que en otros tejidos, se asigna a la categoría de la placenta”, detalla. No es un sistema infalible, pero, como agrega Kaper, «nos da confianza de que ver alteraciones en muchas transcripciones que se expresan más, por ejemplo, en el tejido placentario, indica que hay un aumento en el ARN circulante de fuentes placentarias».

«Cualquier enfermedad que implique deterioro o cambio en el funcionamiento del sistema de un organismo tiene el potencial de generar una señal de ARN circulante».

Fiona Kaper, directora de investigación de Illumina

Esta ventana al embarazo que se abre a la sangre materna promete ir mucho más allá de la preeclampsia. Para la científica Illumina, «formas de hipertensión gestacional que no son preeclampsia, síndrome HELLP [que provoca descomposición de los glóbulos rojos], retraso en el crecimiento fetal, diabetes gestacional, etc., también son posibles complicaciones que podrían generar señales en el ARN circulante”. Pero Kapel va más allá: “Cualquier enfermedad que implique deterioro o cambio en el funcionamiento del sistema de un organismo tiene el potencial de generar una señal de ARN circulante. Por supuesto, se necesitarán estudios mucho más grandes para probar esto».

Además del ADN y el ARN fetales, otros investigadores buscan otras presencias del feto o la placenta en la sangre. El equipo de Miguel Pericacho del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Salamanca estudió biomarcadores para detectar la preeclampsia. Es el caso de la proteína endoglina, cuyo grado de solubilidad parece ser tanto causa como consecuencia de esta complicación del embarazo. Su compañera del Hospital Universitario de Salamanca, Sandra Muntion, y su equipo están estudiando otro posible biomarcador, en su caso, las vesículas sanguíneas del plasma de su madre. Todo conduce al mismo lugar: diferente material genético fetal o placentario en la sangre materna.

Para Pericacho, trabajar con la preeclampsia es solo el primer paso. «Lo usaron como una prueba para validar este enfoque, pero muy bien podría ser un paso hacia un método para detectar otras enfermedades o rastrear el crecimiento fetal». Al ser la complicación grave más común, simplifica el trabajo de los algoritmos.

El Dr. Juan Luis Delgado, coordinador de la Guía Práctica de Atención a la Preeclampsia de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), destaca el vínculo entre madre e hijo. “Lo impresionante de estos trabajos es que se basan en el material genético fetal o placentario secretado en la sangre, en la circulación materna”. Y coincide con Pericacho: “Acceder al RNA es acceder al folleto de instrucciones del feto. En poco tiempo no solo se detectarán patologías; con un solo análisis de sangre tendremos todo su genoma completo”.

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