‘Recover’: Cócteles de gusanos, insectos y microbios que comen plásticos | Ciencia

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Planta de reciclaje de plásticos en El Ejido (Almería).PACO PUENTES (EL PAÍS)

La humanidad misma ha creado algunos de los mayores desafíos a los que se enfrenta. Este es el caso del plástico. La última evaluación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sobre este desecho advierte que su presencia en tierra es mayor que la de los mares. Según la directora general adjunta de la FAO, María Helena Semedo, “los suelos son uno de los principales receptores de plásticos agrícolas y se sabe que contienen una mayor cantidad de microplásticos que los océanos”. Ante este reto, María José López, microbióloga de la Universidad de Almería, coordina el proyecto europeo Recover, un plan para degradar el cóctel de residuos de insectos, gusanos y microbios capaz de convertir el plástico no reciclable en bioproductos o eliminarlos de la tierra.

El Evaluación de plásticos agrícolas y su sostenibilidad La FAO estima que la producción agrícola y ganadera, así como el envasado de alimentos, generan 60 millones de toneladas de productos plásticos al año frente a los dos millones de toneladas de la pesca y la acuicultura. La mitad del total mundial proviene de Asia.

Desde el inicio de la invasión de los plásticos desde 1950, se han generado 6.300 millones de toneladas de estos residuos, de los cuales cerca del 80% no se ha dispuesto adecuadamente. Los microplásticos, aquellas partículas de menos de cinco milímetros de tamaño, también se han encontrado, según la FAO, en las heces y la placenta humanas.

El organismo de las Naciones Unidas propone un plan de las seis r, un curso de acción urgente que incluye “rechazar, rediseñar, reducir, reutilizar, reciclar y recuperar”. María José López forma parte de este objetivo: “Aunque se implementan muchas medidas para reducirlos, seguimos generando plástico que, al final, acaba en el medio ambiente y en nuestros hogares”.

Para hacer frente a este flagelo artificial, el proyecto Recover, financiado por la Unión Europea y coordinado por la investigadora almeriense, ha reunido desde 2020 a 17 socios de siete países europeos para encontrar, en cuatro años, posibles soluciones al problema de la contaminación del suelo. mediante la transformación de plásticos en biofertilizantes o productos similares pero biodegradables.

El investigador almeriense explica: “Lo haremos combinando diferentes microorganismos, insectos y gusanos como herramientas biotecnológicas. Los insectos y los gusanos, con los microorganismos de sus sistemas digestivos y las enzimas que producen, actúan de forma colaborativa, transformando gran parte de estos plásticos en componentes de los que extraeremos la quitina, ingrediente de los plásticos biodegradables”.

Otra estrategia es que el mismo proceso, a partir de los excrementos de insectos y lombrices, así como del lecho utilizado para su desarrollo a expensas de los plásticos, genere biofertilizantes. Los mismos organismos también se utilizarán para eliminar los contaminantes presentes en el compost agrícola y que acaban incorporándose al suelo.

Combinación

“La novedad”, explica López, “es que combinaremos todos los elementos para potenciar la acción de los insectos, lo que ya ha sido validado en otros estudios. Hemos visto que son capaces de eliminar una cantidad considerable en condiciones de laboratorio, pero Todavía nos queda llegar a la fase de validación en un entorno casi real, a partir de ahora se afrontará la fase más compleja: probar los organismos seleccionados en condiciones similares a la realidad, en un suelo contaminado por plástico o en un proceso de compostaje donde controlaremos qué está pasando con estos plásticos. Todo ello, además, habrá realizado estudios económicos, sociales y logísticos para conocer cómo se transportarán los plásticos no reciclables a las unidades de tratamiento y cómo se implantarán estos procedimientos en los reactores de compostaje controlado”.

Los resultados son prometedores. López comenta que han logrado reducciones de hasta un 20% en el peso del plástico entre tres y cuatro meses mientras que en la naturaleza estos residuos pueden durar siglos. Pero es cautelosa: «No quiero alimentar falsas esperanzas de que esta será la panacea, pero confiamos en que podemos aportar nuevas herramientas y nuevos procedimientos para el tratamiento de estos residuos». para reducir la producción de plástico tanto como sea posible.

El proyecto Recover está acelerando procesos detectados en la naturaleza. Un estudio publicado en mBIO ha identificado más de 30.000 enzimas microbianas en el medio ambiente con el potencial de degradar 10 tipos diferentes de plásticos de uso común. Jan Zrimec, primer autor del estudio e investigador del Instituto Nacional de Biología de Eslovenia, explica: «Actualmente se sabe muy poco sobre estas enzimas que degradan el plástico y no esperábamos encontrar un número tan grande en tantos microbios y tipos diferentes». hábitats ambientales”.

Para Aleksej Zelezniak, profesor de Biología e Ingeniería Biológica en la Universidad Tecnológica de Chalmers, “el siguiente paso sería probar las enzimas candidatas más prometedoras en el laboratorio para estudiar de cerca sus propiedades y la tasa de degradación del plástico que pueden lograr. A partir de ahí, se podrían diseñar comunidades microbianas con funciones específicas de degradación para tipos específicos de polímeros”.

También se han descubierto especies vegetales y animales que colonizan toneladas de plástico y desechos vertidos al mar, según un estudio publicado en Comunicaciones de la naturaleza. Un equipo del Ocean Voyages Institute analizó 103.000 kilogramos de escombros en el Pacífico Norte y encontró especies costeras, incluidas anémonas y crustáceos, que no solo sobreviven, sino que prosperan en este entorno extraño y creado por el hombre.

El científico Greg Ruiz, director del Laboratorio de Invasión Marina del Centro de Investigación Ambiental Smithsonian (SERC), explica: «Hasta ahora, el océano abierto no ha sido habitable para los organismos costeros debido a la limitación del hábitat». Linsey Haram, autora principal del artículo, agrega: “Los problemas del plástico van más allá de la ingestión y el enredo. Está creando oportunidades para que la biogeografía de las especies costeras se expanda significativamente más allá de lo que antes pensábamos que era posible».

Sobre la existencia de estas nuevas colonias, a las que denominaron “neopelágicas”, y sus implicaciones para el ecosistema marino, Haram comenta: “Las especies costeras compiten directamente con estos rayos oceánicos por espacio y recursos. Y esas interacciones son muy desconocidas.

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