Un estudio encuentra una relación entre las dietas vegetarianas y un beocio aventura de cáncer | Ciencia

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En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS colocó la carne procesada en su lista de productos cancerígenos y la carne roja entre lo que probablemente sea. La carne procesada se incluía así entre algunas de las sustancias más peligrosas para la salud, como el tabaco, el alcohol o incluso el plutonio. La exageración fue inmediata y abundan las interpretaciones simplistas de la decisión, burlándose de la comparación entre el elemento clave de las bombas atómicas y una hamburguesa, o afirmando que el tabaco y el tocino son igual de peligrosos. Desde entonces, la carne ha seguido siendo protagonista del debate público, ya que para muchos toca aspectos de identidad que van mucho más allá de su valor como alimento. Además, el alto nivel de emisiones de CO2 asociado a su producción, especialmente en el caso de la carne de vacuno, o la preocupación por el bienestar animal, añaden complejidad, relevancia e intensidad emocional al debate.

Hoy la revista Medicina BMC publica un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oxford en el que se analiza la relación entre diferentes niveles de consumo de carne, consumo de pescado, dieta vegetariana y riesgo de cáncer. El equipo, cuya principal investigadora es la española Aurora Pérez-Cornago, utilizó para sus análisis información recopilada por el UK Biobank, un archivo que incluye información médicamente relevante de medio millón de voluntarios, desde datos de estilo de vida o registros electrónicos de salud hasta datos del genoma o su salud cardiovascular.

Del medio millón de individuos presentes en el biobanco se utilizaron los datos de 472.377 adultos entre 40 y 70 años. De estos, 247 571 (52 %) comían carne más de cinco veces a la semana, 205 382 (44 %) comían carne cinco veces a la semana o menos, 10 696 (2,2 %) comían pescado pero no carne y 8 685 (1,8 %) vegetarianos y/o veganos. Durante los 11 años de seguimiento, 54.961 (12%) desarrollaron algún tipo de cáncer. En total, el riesgo de desarrollar cáncer para los que comían carne cinco veces a la semana o menos era un 2 % más bajo que el de los que comían carne cinco veces a la semana o más. La de los que comían pescado, pero no carne, era un 10% inferior. El riesgo fue un 14 % menor entre los vegetarianos y los veganos.

El estudio también examina específicamente los cánceres más comunes (colon, próstata y mama) que, en Reino Unido, representan el 39% del total. Entre estos tipos de enfermedades, el riesgo de cáncer de próstata fue un 20 % menor entre los hombres que comían pescado pero no carne y un 31 % menor entre los vegetarianos y veganos. Aquí también se observó una reducción del 18 % en el riesgo de cáncer de mama entre las mujeres vegetarianas en comparación con las que comían carne más de cinco veces por semana, pero la diferencia estaba relacionada con el mayor IMC de las carnívoras y el hecho de que la obesidad es un factor de riesgo. de estas enfermedades.

Los resultados de este estudio observacional concuerdan, al menos en la tendencia, con muchos otros que intentan evaluar el papel de la dieta en el desarrollo de tumores. Sin embargo, al igual que esos otros estudios, tiene limitaciones. Los autores advierten en sus conclusiones que la naturaleza de su trabajo no permite establecer una relación de causa y efecto entre la dieta y el riesgo de cáncer.

Marina Pollán, directora del Centro Nacional de Epidemiología, destaca que no es fácil obtener conclusiones claras y definitivas en este tipo de estudios. “Pasa con casi todos los estimadores de riesgo cuando se analizan estilos de vida, excepto en temas como el tabaco, que es un cancerígeno total”, dice. “El estudio de la dieta es complicado, porque se hace a través de un cuestionario sobre la frecuencia con la que se consume un alimento y no es fácil contestar esos cuestionarios. Necesitamos hacer una extrapolación mental que condicione los resultados”, continúa. Esto hace que, según Pollán, el resultado de este tipo de estudios parezca menos concluyente de lo que es. “En epidemiología hemos visto que este tipo de cuestionario a veces tiende a subestimar el efecto real de cosas como la dieta”, añade.

El epidemiólogo dice que los organismos que usan este tipo de evidencias para hacer recomendaciones o advertencias dietéticas son «muy cautelosos» y que se suman a la observación en estudios de toxicología en humanos o animales que pueden estar mejor controlados. A diferencia de un humano, que no puede controlar todos los factores de su estilo de vida o la cantidad que ingiere de cada alimento, esto se puede hacer en ratones y los resultados también indican el riesgo cancerígeno de productos como la carne procesada. En cualquier caso, Pollán cree que «las recomendaciones tienen sentido». “No se dice no comer carne, se dice tener un consumo moderado de carne”, apunta. “Esto también es interesante porque si comes mucha carne dejas de consumir otras cosas, como legumbres o pescado, que pueden tener efectos beneficiosos que no te van a gustar”, concluye.

Aunque existe un apoyo significativo para las recomendaciones dietéticas como las de la OMS, también hay científicos críticos que creen que la evidencia de los estudios observacionales no brinda suficiente certeza y que los resultados de los estudios en animales no se pueden extrapolar directamente a los humanos. Pablo Alonso Coello, investigador del Centro Cochrane Iberoamericano (IIB Sant Pau), en Barcelona, ​​señala que aunque “el efecto en estos estudios se repite, es un efecto muy pequeño”. «Este tipo de investigación puede servir para proporcionar recomendaciones más sólidas si los efectos observados son grandes, como la relación entre el tabaco y el cáncer, pero eso no es lo que vemos con el consumo de carne», dice.

Alonso Coello firmó en 2019 una amplia y controvertida revisión de este tipo de estudios de la asociación entre el consumo de carne y el cáncer que fue publicada en la revista Anales de Medicina Interna. Dijo que la certeza de la evidencia que vincula el consumo de carne y el cáncer era baja o muy baja (para la carne procesada, la certeza es moderada). Según el investigador, este tipo de hallazgos deberían hacer que «la recomendación de comer menos carne sea condicional o débil». “El riesgo de cáncer de colon es bajo. Lo que vemos en este estudio es que ese bajo riesgo podría reducirse a una magnitud un poco menor, pero la variación del riesgo es muy baja y la certeza de esa información también”, explica.

Además, la investigadora considera importante diferenciar el significado de la información desde el punto de vista de la salud pública y del individuo. Algo que no represente un gran cambio en el riesgo para un individuo puede convertirse en una cifra importante a nivel poblacional. “Hay mucho paternalismo en esta dieta y, a pesar de la incertidumbre, se hacen muchas recomendaciones aplicando el principio de precaución”, dice.

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